Capítulo 1.
¡Corre!.
No trato de ignorar la orden, si lo hago me atraparán y moriré.
Los Guardianes podrían atraparme y
llevarme al Juicio Mortal.
No.
Debo seguir corriendo, aunque me cueste la vida. Correr es vivir, Detenerse es
morir.
No puedo
evitarlo, pero las malditas piernas
me queman, mi
respiración está más que agitada, mi pecho sube y baja aceleradamente. El aire
agita mi rostro, mi cabello ha pasado de una trenza a una andrajosa masa de
pelos castaños. Las lagrimas han salido sin permiso de mis ojos.
Mierda, mierda, mierda, mierda.
No dejo de repetirme una y otra y otra vez. Prácticamente están
a unos nueve metros detrás de mí, eso me preocupa, la distancia se reduce cada
vez que mis piernas se debilitan. Las lagrimas se derraman de mis ojos, nublando mi vista. Sé que están a pocos metros de mí. Y
eso me viene muy mal.
¡Yo no he hecho nada malo! ¡¿Por qué me hacen esto?!
Solo sé que si me llegasen a atrapar, no viviría para contarlo.
Seguro que muchos se preguntaran ¿qué he hecho? Pues la respuesta es simple:
nada.
Aquí en Cleto hasta respirar frente al Presidente Grim es un
delito. Pero lo que yo he hecho no tiene perdón ni olvido, he asesinado a un
Guardián, y éste me había encontrado cerca de las ruinas de una librería,
rescatando libros, música y cosas útiles. Es por eso, desde que las guerras y
la explotación de recursos acabó con la tierra, algunas cosas se quedaron
prohibidas: como la música,
libros, películas, pertenencias a bandas musicales o actores, la libertad de
expresión; en fin, nos prohibieron el saber del pensamiento.
Ése es mi delito, que siempre que consigo algo, no lo oculto
sólo para mí, sino lo compartía con las personas de mi orfanato o de los
mercados. Esta mal, pero yo sé que podríamos recuperar la paz perdida si tan
solo todos supiésemos como pensar y actuar.
Correctamente, sin miedo a morir.
Soy solo una niña de diecisiete años, por que sí soy una niña,
la madurez de la mente llega hasta los treinta años, quizá hasta los cuarenta. Así que aunque
por fuera parezcamos sabios y maduros, somos solo lo que el mundo quiere que
parezcamos, inocentes, creídos; que no tienen ni la mejor idea de lo que sucede
a su alrededor, y si la tienen, que la ignoren.
Este fue el problema de nuestros antepasados, en las casas de
la Neura me topé muchas
veces con ´discos de telenovelas, y periódicos de los años dos mil doce y
trece: en los cuales muchos ignoraban los problemas y la delincuencia de su
ciudad o país, mientras otros hablaban sobre el avance de novelas como: Un
refugio para el amor, La mujer del vendaval, o Corazón salvaje. Así fue como sus enemigos ganaron terreno, obligando al viejo
gobierno a ocultar su rastro a cambio de
millones de pesos o kilos de marihuana.
¿Cómo pudieron ser tan ignorantes? ¿Cómo no notaron las
balaceras, incluso cuando habían pasado cerca de sus domicilios? La verdad, si
me hubiese tocado vivir en esos tiempos donde el país de Melquiades era México,
yo seguiría buscando ayudar a esas personas que no pueden darse cuenta por sí
mismas del peligro que corren. Pero de igual manera, las guerras (o mejor
conocida como la tercer guerra mundial) se llevaron todo y a todos. Recuerdo
tener una historieta llamada Antropófagos Inmortales, que decía cosas sobre los
zombis y el fin del mundo, pero al parecer esos chicos que soñaban clavarle una
bala en el cerebro a un muerto viviente, están enterrados bajo un patio vacío,
o hechos cenizas junto a todo su pueblo.
Sigo corriendo, mis piernas arden y he bajado la velocidad, en
cualquier momento dejaré de correr por completo en busca de aire y calidez para
mis pulmones. Pero igual estaré muerta antes de decir: te lo dije.
Escucho las pisadas a mi alrededor y un ruido metálico cada vez
seguida de los azotones de botas militares. ¿Por qué no me han disparado aún?
¿Qué están esperando los Guardianes? Soy alta, delgada, un poco fornida, rápida
y ágil: pero de pasos cortos y torpes. Entonces no les costaría lanzarme una
piedra que me quite el forzado equilibrio y hacerme caer. Solo puedo pensar en
mis hermanos, que de seguro saben que me he metido en problemas, que me he
escapado del orfanato otra vez, y que de seguro éste será el día de mi
ejecución, pero yo creo que no. Aun así, escucho el cargar de un arma, y
seguidamente me arde el brazo derecho. Eso acaba con mis pasos calculados,
caigo de bruces, arrastrando mi cara y brazos mientras entro en contacto con el
suelo verdoso y árido. Unos pues se me acercan, pero la adrenalina de salir con
vida me hace levantarme, me pongo de pie y con pasos cuidadosos consigo correr
un poco más, ¡pero mi piernas me matan! Ya no podré seguir fingiendo por mucho
tiempo, me duelen mis brazos (que sangran), mis piernas gritan (de dolor) y mis
ojos están secos y suplican que los seque. Pero hasta esa acción me hará caer
de nuevo, soy muy muy torpe con mis movimientos. ¿Y ahora qué? ¿Seguir
corriendo hasta el orfanato? ¿Mínimo hasta regresar a la ciudad de Cleto?
A
si, me olvidaba. Melquiades solía ser llamada México, y Cleto era antes el
puerto de Veracruz. También había una hermosa ciudad llamada Córdoba, y se
conservó el nombre y se recuperó la infraestructura, suertudos. A sus
habitantes se les ha “llamado”
concordia, pues son muy apegados a valores como: Acuerdo,
conformidad y armonía.
Y nosotros (de Cleto) nos consideramos como: aquellos
con comportamiento que aumenta las probabilidades de supervivencia de otros a
costa de una reducción de las propias. Pero eso nos a metido en problemas gruesos.
Correr, correr y correr. Todo lo que puedo hacer ahora. Vaya
suerte de ser huérfana, sino ya
me hubiesen matado mis padres por cada cosa de osadía. Ahora tengo la suerte a
mi favor (no tanto, pero sí ayuda), ahora estoy entrando a la zona de bosque de
Cleto, y así fallan más seguido sus tiros pues éstos chocan con los árboles a
mi alrededor. Pero la suerte de coña regresa, pues me encuentro en una zona
purificada de árboles y césped verde. Es un gran círculo rodeado de árboles que
solo tiene tierra árida y pedrada. Mi pecho sube y baja, sube y baja, tan
rápido como mis ojos al escudriñar la zona en busca de un refugio, y lo veo. Un
paraje de árboles en forma de un pequeño muro verdoso, una bala del tamaño de
mi pulgar roza mi cogote, suelto un chillido y parto a correr a mi izquierda,
donde el pasadizo de árboles verdes y abundantes me otorgará un buen lugar para
ocultarme y salvarme de las balas. Y así sigo hasta que no sé que me pasa, pero
soy consiente de que me detengo de golpe y caigo al suelo desmayada.
-Enserio no entiendo
qué estaba pensando al escapar de Cleto e irse a la zona cero –escuché la
melodiosa voz de mi hermano, mientras
me miraba con sus ojos verde esmeralda, con un gesto suplicante cual niño al
pedir un juguete nuevo- ¡Hasta
que decides despertar!
Veo a mi alrededor, y me doy cuenta que estoy en mi vieja
habitación del orfanato. No tengo idea de
qué
pasó exactamente justo después de que me hubiese desmallado. Entonces veo que
no está sólo, sino lo acompaña mi
hermanita Aeryn y la directora Lisse Cleaver. La cual me mira como si yo fuera
un insecto tan vil que con solo una mirada mereciera morir. Entonces recuerdo
que hacía yo antes de caer desmallada, y mi cara se torna tan roja como quién a
sido besado en público.
La habitación no es más grande que un cuarto normal, el techo
es color violeta claro, con muebles (cama, dos buros, una silla y escritorio
junto a tres libreros) de cedro puro, ventanales del tamaño regular hechas con
acero color blanco barnizado, las tres paredes tiene dibujos de la portada del
disco mylo xyloto de Coldplay: colores varios por todos lados, mariposas,
grafitis y frases que me inspiran. La cama tiene una colcha anaranjado
atardecer, la almohada es blanca y suave. Tengo las mismas ropas que cuando
corría, blusa verde claro, chaqueta de mezclilla oscura, pantalón deportivo de
forro gris, y mis zapatillas de deporte blancas con logo verde. Miro incrédula
a la gente que me rodea. No lo entiendo, y justo en el momento en el que voy a
preguntar qué a pasado, la puerta blanca de metal se abre liberando un chirrido
y unos pelos negros y unos ojos verdes oliva se abren paso. Lisse era una mujer
robusta, de cabellos oscuros y ojos violetas. Con los labios muy rojos
naturales y el mentón puntiagudo. Siempre usa falda larga y sus blusas con
escote en V.
-¿Tessriel? –esa voz pertenece a Castiel, mi mejor amigo en la
historia- ¿puedo pasar a verla, señorita Cleaver? Por favor, necesito saber que
esta bien.
-No. Me temo, señor Castorani, que todos los aquí presentes,
sabemos los horrores que la señorita Winchester a cometido –me siento de golpe
en la cama y me bajo de ella, poniéndome de pie-.
-Que yo he hecho, ¿Qué? Yo solo estaba buscando libros para… mí
–Castiel suspiró, y por ese breve momento me di cuenta de que su cuello se
había tensado-. Estoy bien, ¿Okay? No necesito que nadie se ande preocupando
por mí.
-Sí, usted necesita que…
-¡Tessriel Winchester! –mi nombre brotó entre un sollozo y
grito de rabia de los labios de Jelzt McLiving, la ex directora y la madre de
todos los huérfanos-. Cariño, me alegra saber que ya estás bien. Pensé por un
momento que toda esa osadía al fin te llevaría a tu muerte. Querida, no vuelvas
a salir sin antes decirme…
-Si no le importa, señorita McLiving, estoy hablando con esta
bastarda. Ella no a quebrado las leyes solo hoy, sino que ahora manda una carta
al Sacrilegio de todo su orden de mierda, como ella lo dijo –abro los ojos como platos, yo nunca he
hecho tal cosa, sí, reconozco que el Sacrilegio en una montaña de corrupción,
pero no sería tan intrépida para hacer algo así-. Si me permite decirlo, creo
que la niña merece estar un tiempo en el cuarto de pánico, ya sabe, reglas son
reglas.
-¡No! –chilló mi pequeña hermana de pelos rubios dorados y ojos
azules cristalinos, sus rizos se alborotaban al ritmo de sus hombros al
sollozar en mi pecho, la abrazo sin tanta conciencia, sé que esto no es real ni
justo- ¡Ella no ha hecho eso! ¡Nunca enviaría tal cosa! ¡Es inocente!
-¡Te callas perra! ¡Ella lleva años rompiendo la ley! –la cara
de Lisse era tan roja como sus labios, para ser alta y delgada como un dedo,
parece ser aun más alta que yo, me siento pequeña y mi vista se nubla por el
llanto- ¡Ahora veo por qué sus padres la dejaron! ¡Es un nido de problemas!
-Eso no es verdad –dice mi hermano Steldor, sus ojos verdes
esmeralda (como los míos) inyectados en cólera, su cabello rubio se ha
despeinado al pasar desesperadamente sus manos con frustración, yo no me inmuto
siempre es lo mismo con esa vieja maldita de Lisse-, ya sabemos lo mala que
puede llegar a ser mi hermana con los otros huérfanos, o lo capaz para asesinar
a un Guardián. Pero jamás sería tan estúpida para desafiar a las leyes del
Sacrilegio.
-Nuestras leyes se basan en las del mismo y único Sacrilegio
–dijo Lisse con voz de robot, creyendo que alguien estaría espiando, queriendo
dar buena impresión-, y si ella las rompe aquí, las rompe allá.
-Mentirosa hija de p… -comienza
a decir Castiel, pero le aprieto la mano, soy la más alta de todo el orfanato,
pero él es más alto que yo, fornido hasta los cayos, bronceado y guapo, con ese
típico aire protector que solo él me puede dar-.
-Escúcheme bien, la chica Tessriel Winchester saldrá libre de
castigo bajo mi consentimiento –Aeryn chillaba aun en mis brazos, sus pequeñas
manitas me rodeaban con tanta firmeza que es impropia de un niño de nueve años-
y si nuevamente se mete en problemas, yo me haré cargo de ella.
La habitación, por primera vez, quedó en absoluto silencio.
Ni nuestras respiraciones se escuchaban tan agitadas como hace
unos segundos, nos quedamos quietos esperando la explosiva reacción de Lisse
–mentirosa- Cleaver. Pero de nuevo, solo sale por la puerta con un repiqueteo
abrumador de sus tacones número catorce, con su ceño fruncido y su mata de pelo
oscuro revoloteando al ritmo de su cabreo. No puede negarle nada a Jelzt, pues
aunque sea la ex directora, sigue siendo la co-dueña del instituto. Suelto a
Aeryn y antes de que me digan algo, salgo a trote hacia el pasillo central de
el orfanato.
Pero para mi desgracia, Lisse me recibe con una cachetada, me
saca de mis casillas y me río al imaginar mi cara de “¿Qué demonios?” y ella me
pone mala cara.
-¿Qué he hecho ahora?
-¿Que qué has hecho ahora? –se ríe y de inmediato bajo mis
labios dejando la sonrisa en mi mente-, estúpida niña malnacida, todo tú es un
desastre. Sabes que odio el descontrol y el desorden, pero solo lo haces más
presente.
Nuevamente me río, pues sus ropas no son muy al estilo militar que ella quiere
imitar, lleva unas zapatillas del catorce color rojo de plataforma, un vestido
negro pegado a su cuerpo que muestra toda su espalda, mostrando tatuajes de
plata y su cabello en un moño estilo Lady Gaga, su maquillaje se pasa de rubor,
volviendo sus mejillas color escarlata al igual que sus labios (pintados de
negro) sus ojos con sombras azules claros y oscuros, usando unos enormes aros
plateados en sus oídos. Ella me bufa y me lanza otra bofetada, pero esta vez no
me puedo reír, pues me duele tanto la mejilla que temo que me haya roto un
diente.
En ese preciso momento Steldor salía de el cuarto, y entonces
le pegó un golpe a Lisse, la cual se tomo el tobillo y cayo (entre saltitos) al
suelo gritando obscenidades.
Ella trata de ponerse de pie, pero le jalo del cabello y hago
de su moño un peinado difícil de descifrar y nos reímos al ver que está
llorando por la caída.
-¡Hijos de perra! ¡No es gracioso! –nos volvemos a reír y una
sonrisa se forma en mi rostro, siempre quise hacer esto- ¡Por favor! ¡Déjenme
ya!
-Ahora dime, ¿Qué carta le has enviado al Sacrilegio con mi
nombre, perra?
-¡AYUDA! –muerdo mi labio inferior de los nervios, pero Steldor
le hace callar con un trapo hasta que esta medio inconsciente-
-¡Tu sabes que no he hecho nada! Así que merezco saber la
verdad, si me metes en problemas te demandaré Lisse. Te lo juro.
Pero Lisse se levanta muy rápido para que nuestros cerebros
siquiera reacciones ante el peligro.
Me toma del cabello y me tira a pujones al suelo, suelto un
gritito cuando mi brazo (el que recibió el balazo) choca de bruces con las
baldosas blancas. Mi hermano es arrogado contra la pared a mi derecha, y Lisse
le golpea con un pequeño mecate. No puedo hacer nada mas que gritar, me duele
mucho el hombro y la nariz me sangra. Ojala y esa canción de Coldplay Paradise,
se aplicara en mi vida, por que todo lo que vivo a diario es un infierno. Me
pongo a duras penas de rodillas, me cubro la cara y sigo escuchando los gritos
de mi hermano mientras yo trato de no llorar. Ése es mi trabajo, crear una
pared donde encierre mis emociones para el bien de todos. Me descubro la cara y veo a mi hermano
recargado en la pared, con los ojos cristalinos y sus brazos llenos de marcas
moradas y gotas de sangre en el suelo. Me arde el pecho. Esta mujer solo nos
hace sufrir, por poder. Pero yo soy de osadía por algo, no por poder o
popularidad, sino por la libertad. La derrumbo tirando de sus piernas hacia
abajo y cae. Me levanto y me quedo mirando como su tacón se ha roto por
completo.
Antes de que Lisse me dijera tan siquiera un nada, tome a mi
hermano del brazo bruscamente y lo arrastre hacia el pasillo de la derecha.
El área de dormitorios era bastante grande. Principalmente es
un largo pasillo, con mas accesos a cada diez metros, donde se llega a las
secciones de los dormitorios por medio de una escalera, que están arriba, si
cabe mencionar.
Las paredes son de mármol pulido donde se tienen farolas que
iluminan de noche y día los pasillos, placas de oro y plata con frases de la
antigua guerra, fotos de los huérfanos destacados, perdidos o, incluso muertos.
El suelo esta tapizado por una alfombra rojo escarlata, las puertas de caoba,
están barnizadas y tienen el apellido de los habitantes. Además de sus
ventanales grandes y con cortinas color lilas, celestes, ambarinos y de
estampados romanos. Es un lugar perfecto para perderse, por eso yo no me muevo
de mas, aunque si me da curiosidad, pues ¿Qué mas puede haber en los otros dos
pisos? Digo, si solo en la primera planta hay un millón de pasillos y salas,
¿Qué puedo esperar de las demás?
Steldor y yo llegamos rápido a la zona media del pasillo
principal, hay dos puertas enormes: comedor y jardín. El patio trasero es igual
de enorme que de uno de la prisión, no es que yo haya estado en uno, pero he
visto fotos. Se encuentra dividido por vallas que marcan el inicio y termino de
las canchas. El jardín es extenso y lleno de color verde; tiene árboles
grandes, medianos y pequeños; flores de distintos colores y formas; también hay
un gato y las aves.
Mi hermano y yo pasamos al área de jardín podado para la zona
social, y ahí me encuentro
con la sorpresa de que Aeryn esta ya ahí junto a un chico de mi altura, sus
cabellos son color marrón oscuro, es alto y de tez tostada y por la remera
ajustada que tiene, se ven perfectamente sus músculos demasiado bien formados.
Incluso diría que es muy guapo, y lo es solo que para mi no es tan importante,
ni siquiera sus bellos ojos verde oliva que brillan cuando los halos de luz se
reflejan en ellos.
Pues, él es mi mejor amigo desde mis primeros días en el
orfanato.
Muchas chicas mueren por él, incluso Steldor me ha confesado
que sus amigos le tienen envidia, pero mi hermano y Aeryn le quieren como un
hermano mas, igual que yo.
Cuando me acerco mas se gira y me mira con una perleada
sonrisa, que respondo automáticamente, pues me hez imposible enfadare mucho con
él o ignorarle. Pero mi sonrisa no dura mas haya cuando veo a Castiel con
Daphie Grossman, una chica popular de
pelo marrón anaranjado y ojos verdes azulados, le tengo un odio intenso desde
mis siete años, cuando trató de separar a Castiel de mi, cuando trato de ahogar
a mi hermana en el lago, cuando acuso a Steldor de robar su estúpido diario, o
el peor de todos, hace un tiempo provoco que Castiel y yo casi nos golpeáramos
hasta matarnos.
La cólera aumenta aún mas cuando veo mejor y me fijo en que
están tomados de la mano, eso no es permitido, Castiel es solo mío, y yo soy
solo suya. Siento el sabor del coraje en mi garganta, así que antes de que de
un solo paso hacia mi, busco rápido a Stel con la mirada y parto a correr hacia
él.
Mi hermanita me alcanza a medio camino, sus rizos rubios se
azotaban cada vez que daba un saltito al caminar junto a mi.
-¿Por qué te fuiste sin saludar a Cas? –pregunto mi hermana
mientras tomaba mi mano-. Él no te ha hecho enojar, ustedes nunca pelean, ¿Por
qué‘?
-Mira, no estoy enojada con él, solo que necesito pedirle algo
a Water. Veras, Jelzt nos pidió investigar sobre el mundo antiguo, ya sabes,
cuando había cinco continentes en lugar de uno. Y estoy emparejada con Deep y
si no lo presiono terminare yo haciéndolo todo, y sabes que así no podre jugar
al té contigo.
-Vale. –Steldor estaba en una jardinera que tenía un árbol con
forma de venado, junto a él estaba Water y Point, sus mejores amigos, al igual
que los míos- ¡Water!
-¿Qué? Aun no te he hecho nada para que me grites –nos regalo
una sonrisa y se encamino hacia nosotros-, vaya Tessriel. Hasta que te dignas
en dar la cara, oye por cierto, acerca del trabajo…
-Nada. –le mire desafiante y se quedo cayado- ya sabía yo que
tardaste en decirme algo, ambos aremos el trabajo si o si. Me importa un comino
lo que tengas que hacer y con quien. Lo empezaremos mañana en la tarde, después
de la comida, ya que el viernes salimos del orfanato, y no podre hacerlo esos
días.
-¡Oye! Solo iba a preguntarte para cuando era, no necesitas
restregarme en la cara lo mal alumno que soy, eso si, también te quería decir
que lo hicieras hoy y mañana ya que el jueves tengo cita con Daphie…
-¿Daphie? Creí que salía con Castiel, digo, hace unos segundos
les vi muy amorosos de la mano.
-¿Enserio? No me jodas –Aeryn le frunció el ceño, no le gusta
escuchar que digamos malas palaras, aunque me es indiferente e inevitable-, ya
perdona linda, como te decía ¡Que mierda entonces! Lo siento de nuevo, Ary, ¿No
estas jugando, Tess? Es que no puedo creer que salgan cuando en el desayuno me
dijo que si aceptaba una cita conmigo.
-A lo mejor terminan para el miércoles –digo cruzada de
brazos-, ya sabes como es ella, tiene
esa maña de terminar con sus parejas antes de una cita nueva. ¡Ah! Me
olvidaba, de igual manera se hace humilde con cada persona que ve, pero es una
pu…- mi hermana me dio un tirón del pantalón- ¡Ay ya, lo siento! Es que no soy
una princesa como tú
-Ni se nota –dice Water con tono irónica- ¡Auch!
-Sigue de payaso y conocerás mis colleras.
-Bien me cayo. –nos acercamos a Steldor y a Point- Oye
Winchester, dile a tu hermana que solo me diga que me ama, no es necesario el
bullyng querido amigo.
Le dedique una mirada irritada y me acerque a mi hermano.
Estaban viendo un libro donde logre captar imágenes de mujeres
y niños vestidas con túnicas de seda larga y fina, con tiaras de oro y plata al
igual que pulseras y collares de piedras preciosas, sus rostros eran jóvenes y
hermosos. Fije mi mirada en una mujer rubia de cabello largo, su vestido era de
seda celeste con accesorios dorados con esmeraldas, sus manos estaban cerradas
alrededor de un cuchillo que tenía la punta roja por sangre.
<<Son diosas>>pensé mientras tomaba el libro de un
rápido movimiento.
-¿¡Que creen que están haciendo!? –les dije indignada- ¿Qué no
se dan cuenta de que si les ven los superiores con esto los podrían matar? ¡Los
libros y la música están prohibidos!
-Tu te callas, para empezar este libro griego estaba en tú
armario. –dijo Steldor, el rubor llego a mis mejillas, era verdad, en mi
armario tengo una gran colección de libros y discos de música al igual que un
pequeño reproductor- Mira hermanita, reconozco que hicimos mal al sacarlo sin
cuidados, pero igual tú estas siendo una delincuente, sé que los libros y la
música no se permiten aquí en Cleto, pero igual necesitamos divertirnos.
-Bien, solo que ten mucho mas cuidado, si te pillan tendré que
salvar tu trasero de nuevo, para variar.
Cerré el libro y me di la vuelta, dirigiéndome a zancadas hacia
la pequeña librería del orfanato, la única en Cleto, la ciudad donde vivo de mi
país Melquiades.