martes, 30 de abril de 2013

¡Noticias!
Estas son las próximas portadas con sus sinopsis :)
ojala y les esté gustando la historia.

Saludos :D

domingo, 21 de abril de 2013

Capítulo 2


Estaba sentado en mi silla de cuero, con las manos entrelazadas y los nervios de punta, esto no era nada bueno, solo el Sacrilegio se reunía por asuntos graves.
¿Qué mas puede ser?, pensé pasando mis manos sobre el cabello, pues si era algún otro asunto de chicos cazadores o adultos nerviosos por perder a sus hijos, me lanzaría por la cascada. Ser el presidente a mis veinte años era peor que la pubertad temprana, pues ¿Quién diría que mi padre se mataría en los bosques dejándome al cargo de un país completo? Nadie.
Tu padre era un gran hombre, decían todas esas personas del consejo, con sus ropas de seda y sus cabellos bien peinados. Ni siquiera sé para que debo seguir con el cargo de presidente si existe el Sacrilegio, digo, sería mucho mejor para mi.
Odio el hecho de que me culpen a mi por prohibir la música, digo soy un chico joven, obvio que amo la música. No tenemos artistas nuevos, sino los pocos que conocemos de los años mil novecientos sesenta al dos mil treinta y cinco , pero mi padre prohibió todo eso como venganza por la traición de los pueblos.
La puerta se abrió de golpe y los miembros del Sacrilegio, -las mujeres con sus batas rojas escarlata que les  cubrían los brazos y llegaban un poco mas debajo de las rodillas con sus pantalones rosa pálido y sus cabellos oscuros con tez pálida, los hombres con sus capuchas un poco corrugadas color verde bosque que le cubren los ojo, con pantalones blancos y sin mangas, con sus cabellos peinados hacia atrás y su tez pálida- entraron bruscamente a la habitación, les mire sorprendido y me señalo una mujer bruscamente.
-Tú muchacho, solo nos metes en desgracia –su tono de voz se podía tomar seductivo y reprochador-. La gente se queja y pregunta sobre su libertad. No podemos permitir que el pueblo este inquieto todo el tiempo, podrían revivir los días de guerra y la sangre correrá a mas haya de la ultima vez. Tienes que hacer algo al respecto, distraer a tu gente, controlarla como hacía tu padre Leo Grimm, solo él sabía los secretos para mantener contenta a la gente con los pactos del Sacrilegio, muchos nos llaman pecadores, pero somos la ley. La ley que los a sacado del hambre y salvado de la muerte en muchas ocasiones, si no nos respeta matamos. Si se nos ordena torturamos. Si no hay salida hablamos con el más allá y pedidos ayuda. No somos terroristas, somos la única esperanza para esta generación.
-Somos salvadores. Matar es salvaguardar su futuro. Torturar es su lección del día. Ofrecer al dios es procurar un buen pago. Así se cuida al pueblo –dijeron todos los miembros al unimismo, su voz al recitar tal cosa era tétrica, la piel se me erizo al escuchar tan siquiera la primer frase-.
-Mis señores, matar solo empeora las cosas, nunca para bien o para mal. –me levante de la silla, las rodillas me temblaban y sentía un sabor agrio en mi garganta- eso es lo que mi padre me enseño, que matar no arregla nada, el correr de la sangre de inocentes no les traerá ningún beneficio. Sus dioses no son reales, no existen en ningún libro que yo haya leído, solo son unos satánicos adictos a la sangre.  Y su fuese por mi, ya habría desechado al Sacrilegio de todos sus beneficios, ¿Qué pueden perder ustedes en algo así? Buscaran otro pueblo al que demacrar, los de su clase siempre encuentran algo nuevo a lo que matar.
cosa era tétrica, la piel se me erizo al escuchar tan siquiera la primer frase-.
-Mis señores, matar solo empeora las cosas, nunca para bien o para mal. –me levante de la silla, las rodillas me temblaban y sentía un sabor agrio en mi garganta- eso es lo que mi padre me enseño, que matar no arregla nada, el correr de la sangre de inocentes no les traerá ningún beneficio. Sus dioses no son reales, no existen en ningún libro que yo haya leído, solo son unos satánicos adictos a la sangre.  Y su fuese por mi, ya habría desechado al Sacrilegio de todos sus beneficios, ¿Qué pueden perder ustedes en algo así? Buscaran otro pueblo al que demacrar, los de su clase siempre encuentran algo nuevo a lo que matar.
-¡Vicente Grimm! ¿Cómo osas hablarnos así? –un hombre de brazos musculosos y con las venas resaltadas dio un paso al frente, desafiante se poso frente a mi-. Si cree usted por un solo segundo…
-O vamos amigo, no me llame por usted me hace sentir realmente viejo, y si no me equivoco, los viejos aquí son ustedes. Por cierto, me gusta que me llamen por Vincent, no Vicente, ese no me suena.
-Si, hágase una vez mas el gracioso, y ya veremos donde enterrar vuestro cuerpo –dijo una mujer con rizos oscuros desafiante, que al instante me mostro una pequeña daga-, ¿tienen idea de lo que vamos a hacer con aquella gente pobre? Vamos a usarlos de tributos, con la esperanza de que las cosechas crezcan, la sangre de santos es muy pura y útil. Tendremos cultivos limpios y frescos para el próximo mes…
-Disculpen, pero la sangre no sirve de riego. Todo lo contrario, solo causara que se pierdan los cultivos, y la gente sabe eso y se queja de ustedes por lo sicóticos que son. Y por cierto, ¿Por qué hablar de vosotros, pensasteis, y lo que sigue así? Sí, el nombre de nuestro país y ciudad son de origen antiguo, pero no somos griegos ni romanos. Dejen de hacer idioteces y concentren sus energías en una solución real.
Una chica alta, de unos cabellos rubios y ojos azules, se recargaba en la puerta girando un cuchillo entre sus delgadas manos mientras me miraba fijamente, desafiante. Seguro que noto mi nerviosismo y me advierte que, un solo movimiento en falso, y correrá la sangre. La mujer que me amenazaba frunció los labios frustrada, se giro hacia ella y al ver su cuchillo, sus ojos se tornaron negros de cólera. Ella le sonrío pícara, y la mujer miro fijamente el movimiento de sus dedos al girar el cuchillo, podría apostar que el cuchillo de la chica legaría mil veces más rápido al corazón de la mujer. Esa simple idea me hizo sonreír, si ella tuviese mi edad me hubiese gustado como aprendiz, pero ha de tener unos dieciséis años. Me encamine hacia la chica, y sonrío al verme, me aclare la voz y dije lo mas bajo posible.
-Si sigues girando ese cuchillo, nos meterás a ambos el un problema, querida.
-Eso es lo que pretendo, enchinchar a esa mujer para que se largue, y así pueda hablar con usted –me miró de arriba abajo-, eres Grimm ¿no? Perdona, el presidente Vincent Grimm. Presidente de Cleto, Melquiades. Necesito hablar con usted, hay unos indicios de levantamiento, y si no hacemos algo crecerá hasta volverse una rebelión.
-Mira, en primer lugar no me digas usted, me hace sentir viejo, tengo veinte no setenta y tres. Segundo, si esa mujer se enfurece, usara nuestros cadáveres como pilares en el Sacrilegio. –logre que se le escapara una sonrisa-. Y en tercer lugar, yo no puedo mover ni un dedo hasta tener pruebas, y si las tuvieras yo no sería el encargado en verlas, sino el comandante Ares. Tengo un país que gobernar, no tengo tiempo para abrazar a críos pobres y repugnantes. Así que te pido que te vayas.
-Bueno, pues en ese caso te conviene ver las pruebas que tengo justo aquí–me extendió un folder negro con fotografías dentro- no me voy a estar fugando cada segundo que tengas libre, Vincent, para traerte las pruebas que tengo. Y sí señor presidente, soy huérfana.
-Muy graciosa. Hablo enserio, ya después hablare contigo. No tengo ni ganas ni tiempo de hablar contigo, niña. ¿Por qué no eres como esas niñitas que venden flores y dan saltitos al caminar? Como las del resto de tu edad.
-¿Yo? ¿¡UNA NIÑA!? –grito y los miembro nos lanzaron una mirada curiosa- NO SOY UNA NIÑA. Tengo dieciséis años, y tu veinte.
-Señorita, le pido de favor que marche ahora mismo directo al orfanato. El señorito presidente, tiene asuntos a tratar con nosotros, el Sacrilegio exige que se marche –le pidió la mujer con voz mas controladora que tranquila-. Además no debe estar fuera de su hogar…
-Ya hablo contigo, reina –le contesto la chica a la mujer, que apretaba sus puños dentro de su bata-. Déjame decirte, Grimm, que no te parecía una niña cuando entre a este lugar. Sí, vi la cara de lujuria que pusiste cuando me viste en la puerta. Pero ahora resulta que soy una niñita de tres años. ¿sabes que eso
te vuelve un pedófilo, verdad?
-Basta ya. Escúchame bien, no seguiré soportándote. Quiero, no, te ordeno que te largues a tu maldito
orfanato. Antes de que llame a seguridad.
-¡Bien! Solo que ahora puedo entender el por qué de que el Sacrilegio este siempre sobre ti –la cólera me inundo, llamarme pedófilo frente a mi gente, eso ni a mi madre se lo hubiese perdonado-, ¡Porque nunca serás un buen presidente, como Leo Grimm lo fue!
Esa fue la gota que derramo el vaso.
Le fruncí el ceño y la aparte bruscamente del camino, la arrastre del brazo hacia la puerta. Ella gritaba que la dejara o me arrepentiría, sin embargo hice caso omiso de ella y seguí atrasándola a la puerta.
Pero también ignore que llevaba un cuchillo, y de un tirón me hizo una cortada en el brazo que la sostenía.
Lance una palabrota y ésta corrió por el pasillo, empujando o apuñalando a todos aquellos que se atravesaran en su camino.
-Mierda. –regrese a mi oficina, pero el Sacrilegio ya no estaba ahí, pase mis manos por mi cabeza con aire de furia, no sé como le hare pagar por ello, pero de que la encuentro, la encuentro-
-Señor –dijo mi aprendiz llegando tímidamente por la puerta, con las manos moviéndose nerviosamente-, la chica se ha robado sus brazaletes.
Me acerco a mi repisa de plata, donde tenía puestos unos brazaletes de oro puro que mi novia me había regalado antes de fallecer, y efectivamente, ya no estaban. Sin embargo había una nota de papel pergamino rosa, con letras negras brillantes garabateadas donde se leía:
“Querido presidente:
Quiero agradecerle por su tanta atención gastada en mi, y no en sus preciadas joyas. Son hermosas por cierto. Solo quiero decirle que se me fue la mano, pero usted y yo sabemos que su mirada hacia las chicas es lujuria, y yo no fui una excepción. Gracias nuevamente por los regalos, y no se moleste en buscarme ya que si lo hace, no me encontrara. No soy huérfana, así que en el orfanato no me encontrará. Soy más conocida como contrabandista especializada, muy joven ¿no? Pues eso soy, y usted me ha dado el dinero que me faltaba. Ojala pudiese pagarle el favor.
Cariño, Wind Sheneen.”
-Hija de perra –tome mi chaqueta y le pedí a mi ayudante un carro-
-¿Hacia donde va? Hoy no tiene ningún compromiso fuera del instituto, señorito Vicente –me dijo la secretaria dándome las llaves de una camioneta-.
-A buscar a una chica, ¿podría colgar estos en toda la plaza y la zona central? Necesito urgentemente encontrarle, se a robado mis joyas.
-Claro que sí, ya mismo los envío a los negocios, ya sabe para mas publicidad.
-Muchas gracias, señora McLiving.

Innocents: Entre la espada y la Vida

Capítulo 1.
¡Corre!.
No trato de ignorar la orden, si lo hago me atraparán y moriré.
Los Guardianes podrían atraparme y llevarme al Juicio Mortal.
No.
Debo seguir corriendo, aunque me cueste la vida. Correr es vivir, Detenerse es morir.
No puedo evitarlo, pero las malditas piernas me queman, mi respiración está más que agitada, mi pecho sube y baja aceleradamente. El aire agita mi rostro, mi cabello ha pasado de una trenza a una andrajosa masa de pelos castaños. Las lagrimas han salido sin permiso de mis ojos.
Mierda, mierda, mierda, mierda.
No dejo de repetirme una y otra y otra vez. Prácticamente están a unos nueve metros detrás de mí, eso me preocupa, la distancia se reduce cada vez que mis piernas se debilitan. Las lagrimas se derraman de mis ojos, nublando mi  vista. Sé que están a pocos metros de mí. Y eso me viene muy mal.
¡Yo no he hecho nada malo! ¡¿Por qué me hacen esto?!
Solo sé que si me llegasen a atrapar, no viviría para contarlo. Seguro que muchos se preguntaran ¿qué he hecho? Pues la respuesta es simple: nada.
Aquí en Cleto hasta respirar frente al Presidente Grim es un delito. Pero lo que yo he hecho no tiene perdón ni olvido, he asesinado a un Guardián, y éste me había encontrado cerca de las ruinas de una librería, rescatando libros, música y cosas útiles. Es por eso, desde que las guerras y la explotación de recursos acabó con la tierra, algunas cosas se quedaron prohibidas: como la música, libros, películas, pertenencias a bandas musicales o actores, la libertad de expresión; en fin, nos prohibieron el saber del pensamiento.
Ése es mi delito, que siempre que consigo algo, no lo oculto sólo para mí, sino lo compartía con las personas de mi orfanato o de los mercados. Esta mal, pero yo sé que podríamos recuperar la paz perdida si tan solo todos supiésemos como pensar y actuar.
Correctamente, sin miedo a morir.
Soy solo una niña de diecisiete años, por que sí soy una niña, la madurez de la mente llega hasta los treinta años, quizá hasta los cuarenta. Así que aunque por fuera parezcamos sabios y maduros, somos solo lo que el mundo quiere que parezcamos, inocentes, creídos; que no tienen ni la mejor idea de lo que sucede a su alrededor, y si la tienen, que la ignoren.
Este fue el problema de nuestros antepasados, en las casas de la Neura me topé muchas veces con ´discos de telenovelas, y periódicos de los años dos mil doce y trece: en los cuales muchos ignoraban los problemas y la delincuencia de su ciudad o país, mientras otros hablaban sobre el avance de novelas como: Un refugio para el amor, La mujer del vendaval, o Corazón salvaje. Así fue como sus enemigos ganaron terreno, obligando al viejo gobierno a ocultar su rastro a cambio de millones de pesos o kilos de marihuana.
¿Cómo pudieron ser tan ignorantes? ¿Cómo no notaron las balaceras, incluso cuando habían pasado cerca de sus domicilios? La verdad, si me hubiese tocado vivir en esos tiempos donde el país de Melquiades era México, yo seguiría buscando ayudar a esas personas que no pueden darse cuenta por sí mismas del peligro que corren. Pero de igual manera, las guerras (o mejor conocida como la tercer guerra mundial) se llevaron todo y a todos. Recuerdo tener una historieta llamada Antropófagos Inmortales, que decía cosas sobre los zombis y el fin del mundo, pero al parecer esos chicos que soñaban clavarle una bala en el cerebro a un muerto viviente, están enterrados bajo un patio vacío, o hechos cenizas junto a todo su pueblo.
Sigo corriendo, mis piernas arden y he bajado la velocidad, en cualquier momento dejaré de correr por completo en busca de aire y calidez para mis pulmones. Pero igual estaré muerta antes de decir: te lo dije.
Escucho las pisadas a mi alrededor y un ruido metálico cada vez seguida de los azotones de botas militares. ¿Por qué no me han disparado aún? ¿Qué están esperando los Guardianes? Soy alta, delgada, un poco fornida, rápida y ágil: pero de pasos cortos y torpes. Entonces no les costaría lanzarme una piedra que me quite el forzado equilibrio y hacerme caer. Solo puedo pensar en mis hermanos, que de seguro saben que me he metido en problemas, que me he escapado del orfanato otra vez, y que de seguro éste será el día de mi ejecución, pero yo creo que no. Aun así, escucho el cargar de un arma, y seguidamente me arde el brazo derecho. Eso acaba con mis pasos calculados, caigo de bruces, arrastrando mi cara y brazos mientras entro en contacto con el suelo verdoso y árido. Unos pues se me acercan, pero la adrenalina de salir con vida me hace levantarme, me pongo de pie y con pasos cuidadosos consigo correr un poco más, ¡pero mi piernas me matan! Ya no podré seguir fingiendo por mucho tiempo, me duelen mis brazos (que sangran), mis piernas gritan (de dolor) y mis ojos están secos y suplican que los seque. Pero hasta esa acción me hará caer de nuevo, soy muy muy torpe con mis movimientos. ¿Y ahora qué? ¿Seguir corriendo hasta el orfanato? ¿Mínimo hasta regresar a la ciudad de Cleto?
A si, me olvidaba. Melquiades solía ser llamada México, y Cleto era antes el puerto de Veracruz. También había una hermosa ciudad llamada Córdoba, y se conservó el nombre y se recuperó la infraestructura, suertudos. A sus habitantes se les ha “llamado”  concordia, pues son muy apegados a valores como: Acuerdo, conformidad y armonía.
Y nosotros (de Cleto) nos consideramos como: aquellos con comportamiento que aumenta las probabilidades de supervivencia de otros a costa de una reducción de las propias. Pero eso nos a metido en problemas gruesos.
Correr, correr y correr. Todo lo que puedo hacer ahora. Vaya suerte de ser huérfana, sino ya me hubiesen matado mis padres por cada cosa de osadía. Ahora tengo la suerte a mi favor (no tanto, pero sí ayuda), ahora estoy entrando a la zona de bosque de Cleto, y así fallan más seguido sus tiros pues éstos chocan con los árboles a mi alrededor. Pero la suerte de coña regresa, pues me encuentro en una zona purificada de árboles y césped verde. Es un gran círculo rodeado de árboles que solo tiene tierra árida y pedrada. Mi pecho sube y baja, sube y baja, tan rápido como mis ojos al escudriñar la zona en busca de un refugio, y lo veo. Un paraje de árboles en forma de un pequeño muro verdoso, una bala del tamaño de mi pulgar roza mi cogote, suelto un chillido y parto a correr a mi izquierda, donde el pasadizo de árboles verdes y abundantes me otorgará un buen lugar para ocultarme y salvarme de las balas. Y así sigo hasta que no sé que me pasa, pero soy consiente de que me detengo de golpe y caigo al suelo desmayada.
 -Enserio no entiendo qué estaba pensando al escapar de Cleto e irse a la zona cero –escuché la melodiosa voz de mi hermano, mientras me miraba con sus ojos verde esmeralda, con un gesto suplicante cual niño al pedir un juguete nuevo- ¡Hasta que decides despertar!
Veo a mi alrededor, y me doy cuenta que estoy en mi vieja habitación del orfanato. No tengo idea de  qué pasó exactamente justo después de que me hubiese desmallado. Entonces veo que no está sólo,  sino lo acompaña mi hermanita Aeryn y la directora Lisse Cleaver. La cual me mira como si yo fuera un insecto tan vil que con solo una mirada mereciera morir. Entonces recuerdo que hacía yo antes de caer desmallada, y mi cara se torna tan roja como quién a sido besado en público.
La habitación no es más grande que un cuarto normal, el techo es color violeta claro, con muebles (cama, dos buros, una silla y escritorio junto a tres libreros) de cedro puro, ventanales del tamaño regular hechas con acero color blanco barnizado, las tres paredes tiene dibujos de la portada del disco mylo xyloto de Coldplay: colores varios por todos lados, mariposas, grafitis y frases que me inspiran. La cama tiene una colcha anaranjado atardecer, la almohada es blanca y suave. Tengo las mismas ropas que cuando corría, blusa verde claro, chaqueta de mezclilla oscura, pantalón deportivo de forro gris, y mis zapatillas de deporte blancas con logo verde. Miro incrédula a la gente que me rodea. No lo entiendo, y justo en el momento en el que voy a preguntar qué a pasado, la puerta blanca de metal se abre liberando un chirrido y unos pelos negros y unos ojos verdes oliva se abren paso. Lisse era una mujer robusta, de cabellos oscuros y ojos violetas. Con los labios muy rojos naturales y el mentón puntiagudo. Siempre usa falda larga y sus blusas con escote en V.
-¿Tessriel? –esa voz pertenece a Castiel, mi mejor amigo en la historia- ¿puedo pasar a verla, señorita Cleaver? Por favor, necesito saber que esta bien.
-No. Me temo, señor Castorani, que todos los aquí presentes, sabemos los horrores que la señorita Winchester a cometido –me siento de golpe en la cama y me bajo de ella, poniéndome de pie-.
-Que yo he hecho, ¿Qué? Yo solo estaba buscando libros para… mí –Castiel suspiró, y por ese breve momento me di cuenta de que su cuello se había tensado-. Estoy bien, ¿Okay? No necesito que nadie se ande preocupando por mí.
-Sí, usted necesita que…
-¡Tessriel Winchester! –mi nombre brotó entre un sollozo y grito de rabia de los labios de Jelzt McLiving, la ex directora y la madre de todos los huérfanos-. Cariño, me alegra saber que ya estás bien. Pensé por un momento que toda esa osadía al fin te llevaría a tu muerte. Querida, no vuelvas a salir sin antes decirme…
-Si no le importa, señorita McLiving, estoy hablando con esta bastarda. Ella no a quebrado las leyes solo hoy, sino que ahora manda una carta al Sacrilegio de todo su orden de mierda, como ella lo dijo –abro los ojos como platos, yo nunca he hecho tal cosa, sí, reconozco que el Sacrilegio en una montaña de corrupción, pero no sería tan intrépida para hacer algo así-. Si me permite decirlo, creo que la niña merece estar un tiempo en el cuarto de pánico, ya sabe, reglas son reglas.
-¡No! –chilló mi pequeña hermana de pelos rubios dorados y ojos azules cristalinos, sus rizos se alborotaban al ritmo de sus hombros al sollozar en mi pecho, la abrazo sin tanta conciencia, sé que esto no es real ni justo- ¡Ella no ha hecho eso! ¡Nunca enviaría tal cosa! ¡Es inocente!
-¡Te callas perra! ¡Ella lleva años rompiendo la ley! –la cara de Lisse era tan roja como sus labios, para ser alta y delgada como un dedo, parece ser aun más alta que yo, me siento pequeña y mi vista se nubla por el llanto- ¡Ahora veo por qué sus padres la dejaron! ¡Es un nido de problemas!
-Eso no es verdad –dice mi hermano Steldor, sus ojos verdes esmeralda (como los míos) inyectados en cólera, su cabello rubio se ha despeinado al pasar desesperadamente sus manos con frustración, yo no me inmuto siempre es lo mismo con esa vieja maldita de Lisse-, ya sabemos lo mala que puede llegar a ser mi hermana con los otros huérfanos, o lo capaz para asesinar a un Guardián. Pero jamás sería tan estúpida para desafiar a las leyes del Sacrilegio.
-Nuestras leyes se basan en las del mismo y único Sacrilegio –dijo Lisse con voz de robot, creyendo que alguien estaría espiando, queriendo dar buena impresión-, y si ella las rompe aquí, las rompe allá.
-Mentirosa hija de p… -comienza a decir Castiel, pero le aprieto la mano, soy la más alta de todo el orfanato, pero él es más alto que yo, fornido hasta los cayos, bronceado y guapo, con ese típico aire  protector que solo él me puede dar-.
-Escúcheme bien, la chica Tessriel Winchester saldrá libre de castigo bajo mi consentimiento –Aeryn chillaba aun en mis brazos, sus pequeñas manitas me rodeaban con tanta firmeza que es impropia de un niño de nueve años- y si nuevamente se mete en problemas, yo me haré cargo de ella.
La habitación, por primera vez, quedó en absoluto silencio.
Ni nuestras respiraciones se escuchaban tan agitadas como hace unos segundos, nos quedamos quietos esperando la explosiva reacción de Lisse –mentirosa- Cleaver. Pero de nuevo, solo sale por la puerta con un repiqueteo abrumador de sus tacones número catorce, con su ceño fruncido y su mata de pelo oscuro revoloteando al ritmo de su cabreo. No puede negarle nada a Jelzt, pues aunque sea la ex directora, sigue siendo la co-dueña del instituto. Suelto a Aeryn y antes de que me digan algo, salgo a trote hacia el pasillo central de el orfanato.
Pero para mi desgracia, Lisse me recibe con una cachetada, me saca de mis casillas y me río al imaginar mi cara de “¿Qué demonios?” y ella me pone mala cara.
-¿Qué he hecho ahora?
-¿Que qué has hecho ahora? –se ríe y de inmediato bajo mis labios dejando la sonrisa en mi mente-, estúpida niña malnacida, todo tú es un desastre. Sabes que odio el descontrol y el desorden, pero solo lo haces más presente.
Nuevamente me río, pues sus ropas no son muy al estilo militar que ella quiere imitar, lleva unas zapatillas del catorce color rojo de plataforma, un vestido negro pegado a su cuerpo que muestra toda su espalda, mostrando tatuajes de plata y su cabello en un moño estilo Lady Gaga, su maquillaje se pasa de rubor, volviendo sus mejillas color escarlata al igual que sus labios (pintados de negro) sus ojos con sombras azules claros y oscuros, usando unos enormes aros plateados en sus oídos. Ella me bufa y me lanza otra bofetada, pero esta vez no me puedo reír, pues me duele tanto la mejilla que temo que me haya roto un diente. 
En ese preciso momento Steldor salía de el cuarto, y entonces le pegó un golpe a Lisse, la cual se tomo el tobillo y cayo (entre saltitos) al suelo gritando obscenidades.
Ella trata de ponerse de pie, pero le jalo del cabello y hago de su moño un peinado difícil de descifrar y nos reímos al ver que está llorando por la caída.
-¡Hijos de perra! ¡No es gracioso! –nos volvemos a reír y una sonrisa se forma en mi rostro, siempre quise hacer esto- ¡Por favor! ¡Déjenme ya!
-Ahora dime, ¿Qué carta le has enviado al Sacrilegio con mi nombre, perra?
-¡AYUDA! –muerdo mi labio inferior de los nervios, pero Steldor le hace callar con un trapo hasta que esta medio inconsciente-
-¡Tu sabes que no he hecho nada! Así que merezco saber la verdad, si me metes en problemas te demandaré Lisse. Te lo juro.
Pero Lisse se levanta muy rápido para que nuestros cerebros siquiera reacciones ante el peligro.
Me toma del cabello y me tira a pujones al suelo, suelto un gritito cuando mi brazo (el que recibió el balazo) choca de bruces con las baldosas blancas. Mi hermano es arrogado contra la pared a mi derecha, y Lisse le golpea con un pequeño mecate. No puedo hacer nada mas que gritar, me duele mucho el hombro y la nariz me sangra. Ojala y esa canción de Coldplay Paradise, se aplicara en mi vida, por que todo lo que vivo a diario es un infierno. Me pongo a duras penas de rodillas, me cubro la cara y sigo escuchando los gritos de mi hermano mientras yo trato de no llorar. Ése es mi trabajo, crear una pared donde encierre mis emociones para el bien de todos.  Me descubro la cara y veo a mi hermano recargado en la pared, con los ojos cristalinos y sus brazos llenos de marcas moradas y gotas de sangre en el suelo. Me arde el pecho. Esta mujer solo nos hace sufrir, por poder. Pero yo soy de osadía por algo, no por poder o popularidad, sino por la libertad. La derrumbo tirando de sus piernas hacia abajo y cae. Me levanto y me quedo mirando como su tacón se ha roto por completo.
Antes de que Lisse me dijera tan siquiera un nada, tome a mi hermano del brazo bruscamente y lo arrastre hacia el pasillo de la derecha.
El área de dormitorios era bastante grande. Principalmente es un largo pasillo, con mas accesos a cada diez metros, donde se llega a las secciones de los dormitorios por medio de una escalera, que están arriba, si cabe mencionar.
Las paredes son de mármol pulido donde se tienen farolas que iluminan de noche y día los pasillos, placas de oro y plata con frases de la antigua guerra, fotos de los huérfanos destacados, perdidos o, incluso muertos. El suelo esta tapizado por una alfombra rojo escarlata, las puertas de caoba, están barnizadas y tienen el apellido de los habitantes. Además de sus ventanales grandes y con cortinas color lilas, celestes, ambarinos y de estampados romanos. Es un lugar perfecto para perderse, por eso yo no me muevo de mas, aunque si me da curiosidad, pues ¿Qué mas puede haber en los otros dos pisos? Digo, si solo en la primera planta hay un millón de pasillos y salas, ¿Qué puedo esperar de las demás?
Steldor y yo llegamos rápido a la zona media del pasillo principal, hay dos puertas enormes: comedor y jardín. El patio trasero es igual de enorme que de uno de la prisión, no es que yo haya estado en uno, pero he visto fotos. Se encuentra dividido por vallas que marcan el inicio y termino de las canchas. El jardín es extenso y lleno de color verde; tiene árboles grandes, medianos y pequeños; flores de distintos colores y formas; también hay un gato y las aves.
Mi hermano y yo pasamos al área de jardín podado para la zona social, y ahí me encuentro con la sorpresa de que Aeryn esta ya ahí junto a un chico de mi altura, sus cabellos son color marrón oscuro, es alto y de tez tostada y por la remera ajustada que tiene, se ven perfectamente sus músculos demasiado bien formados. Incluso diría que es muy guapo, y lo es solo que para mi no es tan importante, ni siquiera sus bellos ojos verde oliva que brillan cuando los halos de luz se reflejan en ellos.
Pues, él es mi mejor amigo desde mis primeros días en el orfanato.
Muchas chicas mueren por él, incluso Steldor me ha confesado que sus amigos le tienen envidia, pero mi hermano y Aeryn le quieren como un hermano mas, igual que yo.
Cuando me acerco mas se gira y me mira con una perleada sonrisa, que respondo automáticamente, pues me hez imposible enfadare mucho con él o ignorarle. Pero mi sonrisa no dura mas haya cuando veo a Castiel con Daphie Grossman, una chica popular de pelo marrón anaranjado y ojos verdes azulados, le tengo un odio intenso desde mis siete años, cuando trató de separar a Castiel de mi, cuando trato de ahogar a mi hermana en el lago, cuando acuso a Steldor de robar su estúpido diario, o el peor de todos, hace un tiempo provoco que Castiel y yo casi nos golpeáramos hasta matarnos.
La cólera aumenta aún mas cuando veo mejor y me fijo en que están tomados de la mano, eso no es permitido, Castiel es solo mío, y yo soy solo suya. Siento el sabor del coraje en mi garganta, así que antes de que de un solo paso hacia mi, busco rápido a Stel con la mirada y parto a correr hacia él.
Mi hermanita me alcanza a medio camino, sus rizos rubios se azotaban cada vez que daba un saltito al caminar junto a mi.

-¿Por qué te fuiste sin saludar a Cas? –pregunto mi hermana mientras tomaba mi mano-. Él no te ha hecho enojar, ustedes nunca pelean, ¿Por qué‘?
-Mira, no estoy enojada con él, solo que necesito pedirle algo a Water. Veras, Jelzt nos pidió investigar sobre el mundo antiguo, ya sabes, cuando había cinco continentes en lugar de uno. Y estoy emparejada con Deep y si no lo presiono terminare yo haciéndolo todo, y sabes que así no podre jugar al té contigo.
-Vale. –Steldor estaba en una jardinera que tenía un árbol con forma de venado, junto a él estaba Water y Point, sus mejores amigos, al igual que los míos- ¡Water!
-¿Qué? Aun no te he hecho nada para que me grites –nos regalo una sonrisa y se encamino hacia nosotros-, vaya Tessriel. Hasta que te dignas en dar la cara, oye por cierto, acerca del trabajo…
-Nada. –le mire desafiante y se quedo cayado- ya sabía yo que tardaste en decirme algo, ambos aremos el trabajo si o si. Me importa un comino lo que tengas que hacer y con quien. Lo empezaremos mañana en la tarde, después de la comida, ya que el viernes salimos del orfanato, y no podre hacerlo esos días.
-¡Oye! Solo iba a preguntarte para cuando era, no necesitas restregarme en la cara lo mal alumno que soy, eso si, también te quería decir que lo hicieras hoy y mañana ya que el jueves tengo cita con Daphie…
-¿Daphie? Creí que salía con Castiel, digo, hace unos segundos les vi muy amorosos de la mano.
-¿Enserio? No me jodas –Aeryn le frunció el ceño, no le gusta escuchar que digamos malas palaras, aunque me es indiferente e inevitable-, ya perdona linda, como te decía ¡Que mierda entonces! Lo siento de nuevo, Ary, ¿No estas jugando, Tess? Es que no puedo creer que salgan cuando en el desayuno me dijo que si aceptaba una cita conmigo.
-A lo mejor terminan para el miércoles –digo cruzada de brazos-, ya sabes como es ella, tiene  esa maña de terminar con sus parejas antes de una cita nueva. ¡Ah! Me olvidaba, de igual manera se hace humilde con cada persona que ve, pero es una pu…- mi hermana me dio un tirón del pantalón- ¡Ay ya, lo siento! Es que no soy una princesa como tú
-Ni se nota –dice Water con tono irónica- ¡Auch!
-Sigue de payaso y conocerás mis colleras.
-Bien me cayo. –nos acercamos a Steldor y a Point- Oye Winchester, dile a tu hermana que solo me diga que me ama, no es necesario el bullyng querido amigo.
Le dedique una mirada irritada y me acerque a mi hermano.
Estaban viendo un libro donde logre captar imágenes de mujeres y niños vestidas con túnicas de seda larga y fina, con tiaras de oro y plata al igual que pulseras y collares de piedras preciosas, sus rostros eran jóvenes y hermosos. Fije mi mirada en una mujer rubia de cabello largo, su vestido era de seda celeste con accesorios dorados con esmeraldas, sus manos estaban cerradas alrededor de un cuchillo que tenía la punta roja por sangre.
<<Son diosas>>pensé mientras tomaba el libro de un rápido movimiento.
-¿¡Que creen que están haciendo!? –les dije indignada- ¿Qué no se dan cuenta de que si les ven los superiores con esto los podrían matar? ¡Los libros y la música están prohibidos!
-Tu te callas, para empezar este libro griego estaba en tú armario. –dijo Steldor, el rubor llego a mis mejillas, era verdad, en mi armario tengo una gran colección de libros y discos de música al igual que un pequeño reproductor- Mira hermanita, reconozco que hicimos mal al sacarlo sin cuidados, pero igual tú estas siendo una delincuente, sé que los libros y la música no se permiten aquí en Cleto, pero igual necesitamos divertirnos.
-Bien, solo que ten mucho mas cuidado, si te pillan tendré que salvar tu trasero de nuevo, para variar.
Cerré el libro y me di la vuelta, dirigiéndome a zancadas hacia la pequeña librería del orfanato, la única en Cleto, la ciudad donde vivo de mi país Melquiades.